In memorIam: enrIque CIrIanI SuIto VíCtor Bejarano noCeda

doi: https://doi.org/10.21754/devenir.v13i25.3000


ENRIQUE CIRIANI SUITO


Figura 1. Enrique Ciriani realizando una crítica, flanqueado por el autor, en el Taller de Diseño Avanzado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)


A finales de los años noventa, durante una de sus visitas a Lima, el arquitecto Enrique Ciriani Suito ofreció una conferencia en la Universidad Ricardo Palma. Al concluir, muchos jóvenes recién egresados —como yo— nos acercamos a saludarlo, a cazar su firma y a robarle un instante para la eternidad en una fotografía. Hice la fila como todos, y cuando al fin llegó mi turno, posé a su lado y le dije: "Arquitecto, el año que viene nos vemos en Francia".


Ciriani nace en Lima, Perú en 1936. Ingresa a la Universidad Nacional de Ingeniería en 1955 donde cursa un año de Inge-niería Civil, cinco de Arquitectura y uno de Planeamiento. En 1956 trabaja en el Ministerio de Fomento y Obras Públicas. En la Junta Nacional de la Vivienda (JNV), diseñó varios conjuntos residenciales: Ventanilla, Matute, San Felipe, Rímac, Mirones y equipamientos públicos (iglesia, parroquia, escuelas en Ventanilla) bajo la dirección de Luis Marcial (1961-62) y Javier Cayo (1963-64) […].

En 1999 viajé a Bélgica para cursar una maestría. Ya en Bruselas, lo primero que hice fue enviarle una carta a Enrique Ciriani. Dejé pasar un tiempo, pero nunca obtuve respuesta. Así que decidí ir a buscarlo a su oficina en París. Fue entonces, después de mucho insistir, cuando finalmente lo conocí.

Trabajé en su estudio desde 2001. Por entonces desarrollaban tres grandes proyectos: Pontoise, Rocquencourt y Croulebarbe. La oficina era un recinto bañado de luz, atiborrado de maquetas ordenadas como piezas de museo, colores distintos en cada muro. Ciriani trabajaba en un ámbito cerrado, con puerta de vidrio y paredes forradas de li-bros. Nosotros, los dibujantes, ocupábamos un espacio contiguo. Fue ese escenario el que me reveló al Ciriani-arqui-tecto: metódico, apasionado por el trazo, ajeno a la tecnología —de eso nos encargábamos nosotros—. Sus líneas eran nítidas; dibujaba a mano hasta el mínimo detalle. Nosotros no éramos más que una suerte de herramientas que se limitaban a digitalizar aquellas “pinturas” que él delineaba. Cada dibujo llegaba desde su tablero custodiado por Pascal Martino (jefe de los dibujantes) con extremo cuidado, como si se extrajera de una bóveda de museo, con guantes y soporte rígido. Esos dibujos eran la matriz sagrada: No cabía añadir mucho. No cabía borrar nada.


En noviembre del 64 Ciriani decide irse a París y empezar de nuevo […] En el 68 abre una oficina con Michel Corajoud, dentro de la cooperativa pluridisciplinaria de profesionales llamada AUA (Atelier d’Urbanisme et d’Architecture). Francisco de Borja García-Huidobro Severin -mas conocido como Borja Huidobro- arquitecto chileno, será admitido en la oficina en 1969. Ese mismo año empieza a enseñar en la Unidad Pedagógica de arquitectura UP7. Y en 1977 en la UP8 hasta su retiro en 2002 […].

También tuve la fortuna de estudiar en la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de París-Belleville, donde Ciriani era el profesor más importante. Aún recuerdo el momento en que esperábamos, en vilo, su llegada. Tras

un breve lapso, entraba al taller seguido de un séquito de profesores. Ciriani poseía ese poder inmenso de ha-certe reiniciar la mente con una sola lección; le bastaba una tiza y un pizarrón.

Recuerdo también las noches del curso de seminario; la penumbra del auditorio apenas era rota por el humo del cigarro y el aroma del café en la mano. Ciriani iluminaba el espacio con las imágenes que en el proyector de diapositivas iba colocando con su ruido mecánico, entre pausas silenciosas. Así mostraba obras de los grandes maestros, las cuales nos susurraban que la arquitectura moderna era inmortal.


La mayor parte de su obra construída es en vivienda popular (Noisy 2, Isle d’Abeau, Saint-Denis, Noisy 3, Evry 2, Lognes, Lognes 2, Charcot, Bercy y Colombes). También equipamientos sociales (guarderías infantiles de Saint-Denis y de Torcy, el local polivalente de Lognes y la cocina del Hospital Saint-Antoine). […] inaugura dos museos (Péronne y Arles) […] Palacio de Justicia de Pontoise, al norte de París. En Holanda un edificio multifamiliar privado en La Haya y una escuela secundaria en Groningen (con Team 4) […].

Pasaron algunos años y decidí regresar a Lima para volverme docente y divulgar mi experiencia. Fui acogido con entusiasmo por tres universidades. Un día, caminando por los corredores de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), vi a Ciriani en un aula, conversando con varios profesores. Cuán grata fue mi sorpresa al saber que él, ya cerca de sus setenta años y retirado de la pedagogía en Europa, había decidido regresar al Perú para enseñar. Aproveché aquel encuentro y le ofrecí mi apoyo como docente en los talleres que dictaría.

Acompañé durante casi siete años al Ciriani-profesor, y entonces comprendí la esencia de su saber: un pensa-miento complejo pero simple a la vez, profundo, lleno de estrategias sencillas, útiles y hermosas. Se volvió un placer para todos escuchar al maestro y ver los dibujos que trazaba en la pizarra. No siempre hablábamos de arquitectura o temas que debíamos desarrollar. También había momentos en los recesos, entre butifarras y Co-ca-Cola, en que podía conversar de otras cosas. También lo escuché dialogar con arquitectos de renombre que acudían a la facultad para realizar exposiciones diversas, convocados por el maestro.

Fue así como conocí, al fin, al Ciriani joven: una persona sencilla, “un muchacho de barrio”, como él mismo se describía, que “tenía calle” y que, pese a haber estudiado en un colegio de gente pudiente, vivía en un barrio de condición media. Hecho que le permitió estar al mismo tiempo en dos extremos de una marcada clase social. Ciriani sostenía que su particular carisma era fruto de esa dualidad.


Su obra ha sido expuesta a través del mundo en numerosas exposiciones colectivas (Venecia, Londres, Madrid, Barcelona, Graz, Frankfurt, Viena, Rotterdam, Groningen, Helsinki, Bogotá, Caracas, Buenos Aires, Sao Paolo, New York, Los Angeles, Montreal, Cairo, Tokyo, […], o personales (Centro cultural de la Católica en San Isidro 1996, Facultad de arquitectura de Venecia 1999, Universidad de Túnez en Cártago 2008, Centro cultural Peruano-Británico de Miraflores 2010, Galería Xi de Seul 2012) y en una amplia retrospectiva de su obra que fue inaugurada en el I.F.A. de París en 1984 y viajó a Lisboa, Figueira da Foz, Oporto, Nueva York y Tokio.

La última vez que vi a Ciriani fue en diciembre de 2019, justo antes de la pandemia. Regresábamos de una visita de campo final del curso. Yo debía tomar un vuelo y ya llegaba tarde. Bajé corriendo del autobús, me despedí rá-pidamente y le dije: “¡Arquitecto! Nos vemos el año próximo”. Paradójicamente, fue la misma frase que pronuncié cuando lo conocí. Jamás imaginé que, después de tanto tiempo, esa despedida tan rápida y fría sería la última. Ahora pienso que, lejos de terminar, todo comienza. El fantasma de su pensamiento y esa devoción que sostenía su ímpetu por la enseñanza del espacio moderno, clara y lúcida, se ha fortalecido en varios de nosotros, los que supimos seguirlo de cerca. Ciriani permanecerá aún mucho tiempo en las aulas, paseándose entre una y otra conversación de aquellos maestros que aman realmente la arquitectura.

Víctor Bejarano Noceda1

Referencias

La citas cronológicas son extraídas del blog de Enrique Ciriani. Autora: Marcela Espejo (mayo 2014 – setiembre 2022).


1. Arquitecto por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Maestro en Arquitectura Urbana por la Universidad de Louvain La Neuve (LLN, Bélgica). Título de arquitecto convalidado por la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de París-Belleville (Francia). MBA por la Escuela de Postgrado de la UPC. Candidato a doctor en Ciencias de la Arquitectura por la UNI.